La COMIDA en los barcos.

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ground swell
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Re: La COMIDA en los barcos.

Mensaje por ground swell » Lun 18 Dic 2017 18:42

Es que SAC era cutre en todo, barcos, comida, sueldos, vacaciones, me acuerdo un día en San Carlos de la Räpita que el 1er. Of. de Máquinas era un mecánico, un barco lo menos de 15.000 TPM y amenazaba con pedir la cuenta, así que eso lo dice todo.
Los países pobres presumen de mujeres guapas y soldados valientes.
Las mujeres con pasado son las más interesantes lo mismo que los hombres con futuro.

Sebastian Cabot
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LOS MANGOS DE DON JULIO

Mensaje por Sebastian Cabot » Sab 27 Ene 2018 9:26

En la época cutre de la Trasatlántica embarqué en el COMILLAS de alumno de máquinas, no recuerdo quien era el Viejo, el jefe era Larrabeiti, de Bilbao, buena gente con demasiados días en los Grandes Bancos, tenía un loro que se llamaba Anacleto, a su imagen y semejanza. Había dos mecánicos navales habilitados de 2º y 3º de máquinas y un primero de máquinas legendario Don Julio Dalmau y Dalmau, gaditano, había nacido con el siglo pasado, o sea que tenía 70 tacos, lo pescó el consignatario de Cádiz con el beneplácito del Comandante de Marina para completar el cuadro orgánico y poder salir para los puertos del Caribe.
Yo me convertí en su lazarillo, su alumno, Don Julio era como el Wikipedia, era la historia de la mercante española del ultimo medio siglo. Era un hombre corpulento y de buen comer, con la dificultad que le aportaba la falta de un montón de piezas dentales. Como buen gaditano tenía a los muertos del gremio de la restauración de abordo todos los días la boca, les llamaba los discípulos de Lucrecia Borja.
El aquella época el COMILLAS tenía comedores de oficiales separados, los máquis por un lado y los del palomar por otro, con lo cual la comida también era distinta.
En el primer puerto del Caribe don Julio hizo provisión de boca particular, a cambio de una botella de brandy lleno los cajones bajo la cama de mangos para matar el hambre, además decía que eran afrodisiacos. Lo recuerdo siempre en las guardias, bajaba con dificultad a la maquina, sentado en un bidón de 50 lts al revés en el control de maquinas y con su bolsa de mangos y su pequeña navaja.
El circo se armó cuando llegamos a Galveston, Yankilandia y los del fondeo encontraron su gambuza particular, nos metieron un multón del carajo.
Anacleto, el loro del jefe, en puertos gringos habitaba en el colector de barrido del Burmeister a salvo de los customs.
Como sacasteis el asunto de las cocinas paralelas:
Me acuerdo del Mendoza de Pereda, los oficiales de máquinas se juntaron para que a la llegada a EE.UU. a cargar maíz, comprar leche en packs, carne de ternera, café, mantequilla (la que daban a bordo estaba rancia e incomible) y hasta pan de molde. Yo hacía guardia con el 2º Oficial y a las 02-00 h. me mandaba a su camarote donde tenía un pequeño infiernillo eléctrico (Prohibido por SOLAS) y preparaba unos cafés con una cafetera italiana, si se lo cuentan a cualquier sueco, inglés, noruego.........no se lo creen, estas son como historias de la puta mili.
El RUISEÑADA de la Trasatlántica, hermano gemelo del COMILLAS, un incendio destrozó toda la habilitación, su origen, un hornillo de cocina funcionando en el camarote del Alumno de maquinas.
Esto va en recuerdo de don Julio, buen maestro.
saludos

Sebastian Cabot
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LA COMIDA EN LA FLOTA DE AHV EN 1947

Mensaje por Sebastian Cabot » Mar 30 Ene 2018 18:03

La comida en los mercantes de Altos Hornos de Vizcaya en 1947.

La alimentación de la dotación del buque estaba a cargo del departamento de fonda, el mayordomo gestionaba el presupuesto para la manutención y hacía la compra de víveres, el cocinero se encarga de la conservación y preparación de los alimentos con la ayuda de los marmitones y los camareros servían la comida en las cámaras de oficiales.
La empresa entregaba al Viejo una cantidad en concepto de subvención por manutención diaria de cada miembro de la dotación del buque, 12 pesetas diarias para la manutención de los oficiales, 10 para maestranza y 8 para los subalternos. La legislación vigente establecía las cantidades mínimas en función de la categoría del personal
La calidad de la comida a bordo dependía de los mayordomos, ellos hacían la compra y a fin de mes, recibían del Capitán la subvención correspondiente. A la hora de hacer la compra el cocinero indicaba al mayordomo qué artículos era necesario reponer en la nevera, estimando las necesidades para cada viaje.
A bordo sólo se servían la comida y la cena. No había desayuno formal, en el oficio se preparaba café que el marmitón subía al oficial de guardia.
En los barcos la comida se servía a las 10:00 h y la cena a las 17:00 h, tanto navegando como en puerto. Sólo tenías comida y cena. Si querías tomar algo más, tenías que comprarlo por tu cuenta o guardabas tus postres para tomarlos entre horas.
El cocinero tenía que preparar 3 platos por la mañana y 4 platos por la tarde. El pan lo elaboraba el ayudante de cocina que para ello se levantaba a las tres de la mañana.
Normalmente, la comida y la cena estaban compuestas por:
– Comida (10h):
• un plato de potaje o cocido.
• una tortilla de un huevo.
• un filete o un pescado.
• postre: dos piezas de fruta.
• agua, vino y café.
– Cena (17h):
• una sopa.
• un pescado frito o en salsa.
• un trozo de pollo o un huevo frito con una loncha de bacon.
• un filete o carne guisada.
• postre: dos piezas de fruta.
• agua, vino y café.
Todos los jueves y domingos se tomaban huevos a la cubana, luego un bistec con patatas fritas y dos postres. En el ámbito internacional este plato preparado con arroz, huevos y tomate es típico de marinos.
Habitualmente no se preparaban postres dulces y cuando en alguna ocasión se hacían sólo eran para la oficialidad.
Los subalternos sólo tomaban dos platos, no tomaban postre, tampoco vino ni café, excepto los fogoneros que, si estaban de guardia, tenían asignada cada uno una botella de vino al día. Por las mañanas, a los fogoneros se les daba también el "saltaparapetos" una copa de coñac o blanco y negro.
En la gambuza, el mayordomo llevaba licores, pero sólo se servían si el personal pagaba por ello.
En ocasiones, cuando el capitán pedía abrir máquina, por ejemplo, para llegar antes a puerto, había que tirar mucho de pala y de barra para levantar la presión de las calderas. Los fogoneros salían empapados de sudor. Había algunos maquinistas que le pedían al cocinero que hiciera una sangría para los fogoneros, que le costaba unas 500 pesetas entre coñac, vino, azúcar, naranjas, limones, etc.
Los alimentos se conservaban en la nevera. El cocinero introducía en ella unas 3 tons de barras de hielo para luego colocar los víveres. La carne de vacuno, cerdo, pollo, y el pescado fresco se conservaban en el hielo. Las frutas y verduras, así como los huevos se ponían en un lugar fresco, en la antecámara. No se llevaba leche fresca, siempre se utilizaba leche condensada.
En la navegación de cabotaje, no había problema con los productos frescos porque los viajes más largos, con cargamentos de carbón de Asturias a Sagunto, duraban tan solo 5 ó 6 días. El problema aparecía en los viajes de altura. Normalmente se salía de Sagunto con lingote rumbo a Norfolk para cargar allí cok. A veces se paraba en Ceuta a hacer consumo. El viaje duraba unos 20 días, aunque en ocasiones, debido al mal tiempo, podían invertir hasta 36 días. Aproximadamente a los 8 días de viaje ya no había fruta, ni verdura, ni pescado fresco. Se comían entonces otros alimentos, huevos, bacalao seco..., y de postre, en lugar de fruta, se servía queso y membrillo.
En Norfolk la estancia era de unos 8 días. Se hacía agua y se cargaba hielo pero no se solían comprar muchos víveres porque resultaba muy caro.
Era frecuente llevar a bordo animales vivos: gallinas, palomas, cerdos –sólo en cabotaje–, terneras, e incluso algún toro, en los viajes a América se mataba el ganado, 2 ó 3 días antes de llegar a Norfolk. Lo hacíamos de un mandarriazo porque al no permanecer el barco estable con la puntilla no acertabamos.
También solían pescar atún y bonito, sobre todo en la costa de Portugal y desde el Cabo de Gata hasta Sagunto. Para conservar los bonitos tenían unas tinajas grandes de barro donde los introducían con aceite y vinagre. Duraban mucho tiempo y constituían un auténtico manjar.
Para comer había tres espacios: comedor de oficiales –de puente–, comedor de maquinistas y el rancho de subalternos.
En los comedores de oficiales y de maquinistas el camarero ponía mantel y servilletas de tela que se lavaban una vez a la semana. También la vajilla con el emblema de la compañía y cubertería de plata. La mesa la presidía el Capitán. No había formalidad alguna para iniciar la comida, en todo caso, si alguien tenía convicciones religiosas se santiguaba. A la hora de servir, el camarero respetaba las categorías, primero al Viejo o el Jefe en su comedor y el último el agregado, desde la cocina ya venía reservado el mejor bocado para el capitán.
Los subalternos disponían de una mesa en su rancho y podían llevar allí la comida en gavetas para cada 5 tripulantes pero si surgían problemas con el reparto acudía cada uno con su plato y su cuchara a la puerta de la cocina.
Se celebraban con comida especial la festividad del Carmen y las cenas de Nochebuena y Nochevieja. La Compañía daba algún dinero extra sólo para las celebraciones de Navidad. Si estaban en puerto, se cenaba una hora más tarde (18:00 h) para dar más margen a la elaboración de los platos en la cocina.

Esta interesante información la saqué de la Revista de Estudios Marítimos del País Vasco editada por la Diputación Foral de Guipuzcoa.
saludos

Sebastian Cabot
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La COMIDA en los barcos.

Mensaje por Sebastian Cabot » Lun 04 Mar 2019 17:25

Esto me lo encontré por a red, la comida en los viajes largos de la flota Española en el siglo XVI:
Las raciones de alimentos, por lo general, eran suministradas en malas condiciones de conservación a causa de la falta de previsión y las malas artes de los proveedores e intendentes: el bizcocho, según Guevara, " tapicado de telarañas y muy negro, gusaniento, duro, ratoneado, poco y mal remojado", la carne, "tasajos de cabrones, quartos de oveja, vaca salada, buffano salfueso y tocino rancio, que debe ser sancochado, que no cocido, quemado, que no asado y poco que no mucho, de tal manera que, puesto en la mesa, es muy asqueroso de ver, duro como diablo de mascar, indigesto como piedras para digerir y dañoso como saraÇaÇas para de ello se hartar"
Todos los barcos llevaban un encargado de repartir el alimento diario, al que llamaban el despensero, el perfil profesional de este hombre también estaba reglado, decía que debía ser "un hombre de mucha confianza, sufrido, callado y cortés y, como ha de lidiar con tanta gente, es necesario que lo fuera para evitar pesadumbres". Su trabajo consistía en "repartir primero los bastimentos que están cercanos a corromperse para que se gasten los primeros, proveer que nadie se quede sin ración, pesar y medir bien lo que diere sin que le quite al soldado o al marino nada de lo que le toca", junto a este hombre había otro de suma importancia, al alguacil de agua, el cual era el encargado de suministrar el preciado líquido, el reparto lo hacía "echando el agua de una tina a boca de escotilla, donde todos reciban y la vean medir". Cuando se llegaba a una costa el alguacil de agua era el encargado de bajar a tierra para buscarla, dotándosele de los hombres y grumetes necesarios
En las largas travesías el agua y los alimentos se pudrían porque los envases eran de muy mala calidad, algo que la gente de tierra nunca se preocupó hasta ya avanzado el siglo XIX, (ver artículo del invento de las conservas). Ejemplo de ello haremos mención al viaje de Alvaro de Mandaña a las islas Salomón, donde cuenta sobre el agua lo siguiente: "parecía jarabe por el gran numero de cucarachas podridas que tenía". En el cuarto viaje de Colón, Herrera refiere lo siguiente: "las comidas las hacían sólo por las noches para que no se vieran los gusanos o insectos, cocidos o vivos, que venían con el pan o la menestra"
La cocina propiamente dicha era un fogón situado en el castillo de proa, el cual estaba formado por una bandeja de hierro, sobre el que había arena y sobre ello madera. El fuego se encendía al amanecer y se cocinaba para la tripulación y después se dejaba cocinar al pasaje, si lo hubiere, para apagarlo al anochecer, siendo responsable de este menester el contramaestre
La menestra estaba compuesta, las ordinarias, por habas, judías, lentejas y guisantes y las menestras finas por garbanzos y arroz. Todas estas semillas se tostaban ligeramente para su mejor conservación, no estando recomendada por los médicos la de garbanzos para los remeros por dar mucha flatulencia y dar en las galeras del Mediterráneo habas. según un documento de la Secretaría de Guerra y Mar de 1.680 sabemos que "habiéndose suministrado de muchos días a esta parte, arroz por falta de habas, se ha ocasionado tal destemplanza en los remeros que hoy se hallan las galeras con 250 enfermos de accidentes que los más, según relación del protomédico, proceden de la continuación del arroz", no hay duda que aquí hablan de la enfermedad del beriberi observada por primera vez en 1.897 y estudiada en 1.914 y observada por el Dr. Casimiro Funk y que consiste el carencia de vitamina B1.
PD.- lo pongo tal cuan, es fácil que tengáis que usar un traductor, no el de Google, lógicamente
saludos
cabot

vanquisher
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Re: La COMIDA en los barcos.

Mensaje por vanquisher » Mar 05 Mar 2019 9:20

Después de lo leido en el foro sobre comidas a bordo, quiero dar desde aqui un merecido recuerdo y homenaje a todos los cocineros de Boluda salvamento, entre los años 1996 a 2010, por su buen hacer y gran profesionalidad, solo echarles en cara que nos hacían engordar cuando estábamos embarcados, pues disfrutábamos como enanos.

lua
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Re: La COMIDA en los barcos.

Mensaje por lua » Jue 07 Mar 2019 21:23

:shock: :shock:

recalde
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Re: La COMIDA en los barcos.

Mensaje por recalde » Mié 13 Mar 2019 16:30

Hola

En algunos mercantes, si para comer habia potaje, para la cena no se desperdiciaba nada, hacian pure con las sobras.

Buen negocio ser Mayordomo

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