El Mar

Para el pescador, para el hombre ignorante y sencillo que no puede apoyar sus ideas en las bases de la ciencia, el mar es un tirano, le engaña, le adula, le seduce, le ahoga. Para el pobre marinero, el mar es el summum del interés, del encanto, de la variedad. Esos trabajadores míseros cuya vida es una continua lucha y un esfuerzo titánico y desproporcionado, son muchas veces felices, y el mar, su enemigo, el mar, el monstruo incomprensible, llena su existencia y hace su felicidad.

Para nosotros los marinos de altura, el mar es principalmente una ruta, es casi exclusivamente un camino. ¡Pero qué camino!

Yo no olvidaré nunca la primera vez que atravesé el Océano. Todavía el barco de vela dominaba el mundo.

¡Qué época aquélla! Yo no digo que el mar entonces fuera mejor, no; pero sí más poético, más misterioso, más desconocido.

Hoy, el mar se industrializa por momentos; el marino, en su barco de hierro, sabe cuánto anda, cuándo va a parar; tiene los días, las horas contadas…

Muchos habréis reconocido que el texto anterior pertenece a la Trilogía del Mar de Pío Baroja, concretamente a «Las inquietudes de Shanti Andía«, libro de fresca y recomendadísima lectura veraniega, sin excusas porque desde el 9 de Julio y gracias al Proyecto Gutenberg está disponible en internet.

Sobre el Proyecto Gutemberg, decir que todos podemos participar en esta especie de palco de los sastres literario. Aunque hay pocos textos en Castellano, la bibliografía en inglés es bastante extensa y gratuita, merece la pena visitar su web de tiempo en tiempo.

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