Port Hedland

El otro día, viendo el gráfico de las rutas y puertos de 2011, a Aitor también le sorprendía el tamaño del punto de Port Hedland , cuando nosotros íbamos allí, solo había tres cargaderos, el malo, era babor al muelle, en una isla frente al poblado, donde para salir había que usar bote.

Los otros dos eran estribor al muelle y desde allí se podía salir andando. En el poblado no había mucho, pero comparado con Japón o Corea, las cervezas y el espectáculo en vivo de la cantina merecían la pena, poco gasto y mucha juerga. Para los que querían usar el teléfono, el Stella Maris estaba 100 metros más adentro.

La otra diferencia respecto al cargadero «malo» era que aquí cargaban más rápido, había que llegar con la bodega abierta y según acababa el reviro, sin hacer firme el barco, ya estaban echando canicas en la bodega, el brazo tiraba unas 6000 toneladas a la hora, el límite lo ponía el barco por la velocidad de deslastre, además, daban bastante por saco con los cambios de bodega. El resultado era que se atracaba antes de cenar, tras la noche de juerga, venía la visita del inspector viejete que se las sabía todas, otra noche para que salga el otro turno y al día siguiente a esparragar.

Aitor nos pasa el enlace a un video de la entrada al puerto acelerada, el practico embarcaba en helicóptero y a la salida hacía lo mismo para largarse (el mecánico de máquinas cuando se despistaba también lo usaba:-)), se fondeaba fuera del canal que tenia unas 10 millas. El lugar era un paraíso para los aficionados a la pesca, picaban de tres en tres según se bajaba la linea, aunque algunos había que tirarlos ante la duda. En alguna de las fondeadas llegamos a contar unas 50 ballenas con sus crías, el paso del canal se hacía de día y en una de las entradas el barco que iba delante, pilló una ballena con la hélice, se paró en una mancha roja y nos obligó a un fuera pistas que casi nos vara. Una vez pasado el punto de no retorno, solo puede revirar de uno en uno arriba y no había remolcadores para todos.

En fin, batallitas, por no contar la del 2º maquinista con la manivela del bote o la del radio reptando con los billetes en la boca por el escenario, allí la banda dejo de tocar y por poco, los macro-mineros no nos revientan, sino es por la diplomacia de unas buenas EMUs, como recuerda Aitor.

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