Diving deep into danger

La primera inmersión a una profundidad de unos mil pies (300 m) se hizo en 1962 por Hannes Keller, un entusiasta matemático suizo de veintiocho años de edad, que llevaba gafas y bebía una botella de Coca-Cola en el desayuno. Usando una mezcla «secreta» fue capaz de volver en una hora a la superficie, su marca fue seguida por la revista Life y despertó el interés de la USNavy y de la petrolera Shell, que por aquella época estaba empezando a explotar pozos a 250 pies.

El extenso artículo de Nathaniel Rich en el The New York Review of Books que nos lleva desde esos días hasta la actualidad, todo ello regado con varias historias de los peligros a los que se enfrentan estos buzos. El buceo comercial es la tercera profesión más peligrosa tras la pesca y la industria maderera. El artículo se lee del tirón e incluso se echa de menos que no sea un poco más largo.

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