Perdida de un AAV de los USMC

Los Marines han publicado un informe de 1700 paginas sobre la perdida de un Vehículo de Asalto Anfibio (AAV) que acabo con la muerte por ahogamiento de ocho marines y un marinero que se hundieron con su vehículo frente a una isla de California durante un entrenamiento.

Según la investigación, los sucesos mortales del 30 de julio de 2020 marcaron el final de una «cadena de fallos» que comenzó siete meses antes, cuando un pelotón perteneciente al 3er Batallón de Asalto Anfibio en Camp Pendleton, California, recibió vehículos anfibios inoperativos pocos meses antes de unirse a la 15ª Unidad Expedicionaria de Marines para entrenar para un despliegue en el extranjero.

El accidente fue el resultado de un entrenamiento deficiente, un vehículo en «condiciones horribles» y unos procedimientos de seguridad incumplidos con la prisa por desplegar un pelotón AAV operativo.

El informe tiene muchos puntos interesantes, desde un AVV con 36 años de servicio, el mayor de los difuntos tenia 22 años, a la navegación de 3 millas haciendo agua, el black out, el intento de salir y escapar, de 16 se salvaron 7, la falta de orden de abandono, los esfuerzos por sacar a compañeros o la parte de la perdida del personal debido a la impedimenta que llevaban, sin olvidar, la ausencia de embarcación de apoyo por avería o la escasa formación para abandonar el invento. El entrenamiento es similar al HUET de helicópteros para los ditching y según se vé, los Marines cuentan con simuladores específicos para esto.

El informe lo tenéis entero en el enlace de arriba, la narrativa desde la pagina 15, y resumida en ingles aquí.

El 30 de julio de 2020, 12 infantes de marina, un marinero y tres tripulantes del vehículo anfibio, asignados a la Compañía Bravo, se encontraban apiñados dentro de un AAV de 36 años para regresar al buque anfibio USS Somerset tras entrenar en la isla de San Clemente, en la costa de California.

El pelotón había estado luchando con fallos mecánicos en varios vehículos durante todo el día. Uno no pudo salir del barco y en la isla otro se averió quedándose allí, escoltado por otros tres, al atardecer los nueve restantes volvían al barco que les esperaba a tres millas, en el viaje uno perdió las comunicaciones y otro necesitó ser remolcado.

A dos millas del barco, el AVV que se perdería empezó a hacer agua. El procedimiento operativo indica que el personal se tiene que preparar para abandonar y se debe comenzar a evacuar cuando el agua llegue al nivel de los tobillos, además de los múltiples fallos de integridad de la estanqueidad, el vehículo también sufrió otros fallos mecánicos graves, desde la transmisión hasta el generador, que afectaron a las cuatro bombas de achique y al sistema de comunicaciones.

Cuando el agua llegó a la altura de los tobillos, el comandante del vehículo salió por la escotilla y empezó a ondear la bandera de November que indica que el vehículo necesita ayuda inmediata, no uso las señales pirotécnicas y no dio ninguna orden de evacuación. El personal embarcado que iba en la parte de atrás, según la investigación, no estaba entrenados, ni formado para un abandono de emergencia y no se dieron cuenta de lo grave de la situación, la mayor parte de ellos se encontrará con su impedimenta, incluido los cascos y chalecos antibalas, dos de ellos fueron encontrados con sus fusiles al hombro.

Durante la estancia en tierra tuvieron que reponer un tercio del aceite de la transmisión por una perdida, en el viaje de vuelta, la transmisión falló, lo que provocó la pérdida de potencia del motor. Eso implico que la bomba de achique hidráulica delantera no funcionaba por la baja velocidad del motor, al fallar esa bomba, el aumento de los niveles de agua dentro del compartimiento del motor hizo que la correa del generador arrojara agua hacia el cuadro, lo que finalmente provocó que el generador también fallara, eso dejó al AAV solo con la energía de la batería que según se consumió tampoco daba suficiente energía a la bomba de achique eléctrica o equipo de comunicaciones.

Con el agua por las pantorrillas e iluminándose con los móviles, desde popa sugieren el comandante abandonar, la orden llegara cuando el agua alcanza los asientos, 46 minutos después de detectar la primera entrada, y 20 minutos después de izar bandera la November, como pueden abren la escotilla de escape y se encuentran que el AVV solo sobresale un palmo del agua, para redondear, otro AVV que acude al auxilio lo embiste, el torrente de agua que entra por la escotilla se lleva a todos hacia abajo y solo tres consiguen salir en superficie, uno de estos tampoco sobrevivirá. Finalmente todos menos uno lograron salir del AAV, de estos, siete que los que lograron salir se ahogaron antes de llegar a la superficie y fueron encontrados en el fondo alrededor del AAV. El comandante del vehículo fue uno de los supervivientes.

Todos los fallecidos llevaban chalecos antibalas, algunos parece que intentaron quitarse el equipo, pero el salvavidas que iba encima afectó negativamente esos esfuerzos. Igualmente, los salvavidas, dado el exceso de peso que llevaban las tropas y la profundidad no fueron efectivos. Los dispositivos de flotación que utilizaban estaban diseñados para permitir que un marine con una carga de combate completa flotara en la superficie. Pero la flotabilidad proporcionada por el dispositivo se reduce en más de un 50 por ciento en el momento en que se encuentra a 10 metros bajo la superficie del mar.

La falta de la embarcación de apoyo y seguridad, una semirigida normalmente, no hubiera evitado el hundimiento pero seguramente hubiera acudido más rápido tras el izado de la bandera de socorro y hubiese maniobrado mucho mejor y con menos inercia al apoyarse. El procedimiento indicaba que se podía designar otro AAV como apoyo pero debía de ir vacío, se hizo en el despliegue con uno cargado, cuando fallo la RHIB, a la vuelta, ni siquiera eso.

Sólo 11 de los 13 soldados embarcados en el AAV tenían las cualificaciones de natación al día, mientras que el enfermero, podría no haber pasado nunca una cualificación de natación, sólo dos de los infantes de marina del batallón habían completado realmente el entrenamiento de salida subacuática requerido SVET, pero, mediante un juego en torno a normas ambiguas, el comandante de la compañía pudo hacer que pareciera que estaban cualificados.

El entrenamiento les obliga a utilizar un simulador de escape de vehículos sumergidos, o SVET, que recrea lo que se siente dentro de un AAV que se hunde en un entorno seguro. Se acepta que esto sea sustituido por lo que ellos llaman MAET, Modular Amphibious Egress Trainer, que simula el escape de un fuselaje estrellado en el agua, nuestro HUET y este MAET puede ser sustituido por el SWET, una silla de simulación de salida de aguas poco profundas. En ella, el sujeto se ata con correas en una silla con barras para ser volteado en el agua y trabaja para salir de su arnés en una piscina poco profunda. El comandante de la compañía Bravo dijo que, dado que el SWET puede sustituir al MAET, y el MAET puede sustituir al SVET, estaba dentro de la normativa para sustituir el SVET por el SWET. Así pasaron de entrenar en el simulador de un vehículo por una silla

Según la investigación, aunque está claro que la intención de la norma no es prescindir tanto del SVET como del MAET y declarar que el personal está plenamente capacitado (para salir del agua) sólo con la formación del SWET, la ambigüedad de la norma hace que esa sea una posible interpretación.

Por otra parte, hay una fuerte crítica al entrenamiento, ya que esté estaba enfocado a la parte terrestre, siendo la marítima tan importante o más.

Como consecuencia del accidente, se han tomado 54 acciones para evitar que esto les vuelva a pasar, además de parar la flota de AAV parada para revisión y la compra de Iveco SuperAV para sustituir a los AAV entrados en años

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