La silla y la sentencia

El 26 de junio de 2015, la demandante se preparaba para cenar en su camarote a bordo del Carnival Splendor. Sacó una silla de madera «a un pie» de distancia del tocador e intentó sentarse, instante en que la silla se derrumbó con ella. Su clavícula derecha golpeó el tocador y su brazo derecho se lesionó, inicialmente, creyó que su brazo estaba roto. Su marido fue testigo del incidente y llamó a la recepción para pedir ayuda.

Mientras esperaba que llegara la ayuda, su marido inspeccionó y fotografió el silla. Vio que «no tenía ningún defecto exterior obvio u observable» antes de que se rompiera. También vio que la pata delantera derecha, que había estaba unida al asiento por unas clavijas, se había caído, y que el pegamento de las clavijas estaba seco y astillado.

Mientras esperaban al médico, un camarero vino al camarote se llevó la silla rota y la reemplazó por una nueva. La silla fue desechada más tarde por un miembro de la tripulación desconocido porque no podía ser arreglada.

La demandante y su marido esperaron al personal médico, y fueron al hospital de a bordo por su propio pie, donde fue examinada y se le hizo una radiografía que mostraba que no tenia fractura, le dieron Tylenol, le pusieron hielo y un cabestrillo para el brazo.

De acuerdo con la política de Carnival, como la lesión sólo requirió primeros auxilios y al no solicitar la demandante un informe de accidente, el médico clasificó el accidente como «no reportable». Eso significaba que el departamento de seguridad, que se encarga de investigar los accidentes, y, cuando es necesario, preservar las pruebas, no le correspondía hacer ninguna de las dos cosas.

La pasajera presentó una demanda alegando que la compañía de cruceros Carnival no inspeccionó y mantuvo el mobiliario del camarote, ademas, solicitaba sancionar a Carnival por no preservar la silla-prueba después del incidente.

La Corte de Apelaciones de EE.UU. fallo a favor de la compañía de cruceros demandada por las lesiones personales al pasajero. El tribunal de apelaciones sostuvo que la compañía de cruceros Carnival no se dio cuenta de que la silla era defectuosa y no había pruebas de que la silla fuera destruida de mala fe.

La solicitud de la demandante pedía la aplicación de la doctrina «res ipsa loquitur» o “la cosa habla por sí misma”, sostenido que aunque no pueda demostrar que Carnival se haya dado cuenta de la peligrosa condición de la silla, la Compañía de cruceros todavía puede ser considerada responsable en virtud de esa doctrina, pero para que sea aplicable, el demandante debe demostrar que «1) la parte perjudicada no tuvo culpa, 2) el instrumento que causó la lesión estaba bajo el control exclusivo del demandado, y 3) el percance es de un tipo que normalmente no se produce en ausencia de negligencia».

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