Predecir ciclones

La escuela de primeras letras de Santurce estaba hace años en una de las casas que forman el lado mavor de la plaza, y esta se abría por el opuesto sobre el mar, circuyéndola la Iglesia y un vetusto murallón que habían derribado las olas por varias partes.

No puedo precisar el dia del acontecimiento que voy á referir; sé que era por la primavera y que hacía cosa de una hora que habíamos entrado en la escuela, después de comer y jugar un poco. Algo extraordinario debía ocurrir aquella tarde porque oíamos silbar el viento con furia desconocida y sentíamos que la lluvia azotaba los cristales con fuerza tal que parecía querer romperlos: por ellos se cernía una luz tibia y cenicienta.

El maestro apénas nos prestaba atención, y clavado á uno de los balcones que daban sobre la plaza, no se volvia á imponernos silencio, verdad es que el ruido exterior del mar y del viento ahogaban el de nuestros cuchicheos y frecuentemente los interrumpíamos nosotros mismos llenos de terror. Así pasó poco más de un cuarto de hora. De repente se volvió el maestro y nos dijo: á casa,niños, y no detenerse en ningún lado.

Cual ovejas á quienes se abre la puerta de un redil, así salimos saltando las escaleras de cuatro en cuatro,y al pisarla plaza se presentó á nuestros ojos un espectáculo aterrador. El mar parecía querer escalar el cielo. Saltaban las olas sin orden ni concierto; ráfagas de neblina y agua oscurecían el horizonte.

Quedámonos todos parados sujetando con una mano la gorra y apretando con la otra el saquillo de cuero en que llevábamos los libros, y absortos contemplamos la gente del pueblo que se apiñaba cerca del murallón. Gritaban y lloraban las mujeres, aunque sus gemidos casi no llegaban á nuestros oídos, en medio de aquel ruido infernal; otras regaban las puertas de hinojos: los hombres miraban atónitos. Allá á lo lejos, casi en medio del Abra, veíase un barco desmantelado que subía y bajaba, juguete de las olas, y marchaba á encallarse en el arenal de Algorta, completamente deshabitado entonces,y poblado hoy de lindos hoteles y establecimientos balnearios.

algorta

Pero no era esto seguramente lo que aterraba á los santurzanos, sino una lancha del puerto que pretendía entrar en él, teniendo que luchar de costado con las embrabecidas olas en el recodó que es preciso doblar para penetrar dentro del canal abierto en la roca. Otra lancha tripulada por los marineros más valientes y robustos acababa de salir del fondeadero para ir al socorro de la primera, pero era ya tarde: las olas habian envuelto á esta, y sus tripulantes eran arrojados contra las rocas ó arrastrados por la resaca cual arista que lleva el viento.

Tan sólo pudo salvar la lancha de auxilio á uno de los tripulantes de la otra, y varias mujeres vieron ahogarse á sus esposos é hijos, mientras que el cura más anciano del pueblo les mandaba su bendición en nombre de Dios, como único consuelo en medio de tanta desgracia.

No sé cómo me habia ido yo acercando al grupo en que se hallaba el sacerdote; de repente me encontré asido por mi abuelo, antiguo é inteligente marino, que cogiendo mi diestra me arrastró á casa. Ouedóse grabada en mi alma aquella escena con caracteres indelebles, así como las palabras que me decía mi abuelo al retirarnos: ¡si se pudieran predecir los huracanes, cuántas desgracias se evitarían! ….

Memoria digital vasca Calendario vasco Navarro de 1880;

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