En comunicación de 13 de Abril, el señor presidente de la Junta dijo al de la sociedad: Excmo. Sr.: En la Junta del día 15 de enero último presento el Sr. D. Victoriano López Doriga, miembro de la misma, una moción que apoyó con poderosas razones, leyendo a la Junta en pleno el recorte de periódico que tengo el honor de acompañar a este oficio.
Abierta amplia discusión sobre un asunto tan digno de mención, la Junta tuvo á bien comisionarme por el doble cargo de Presidente de la Local de Salvamento de Náufragos y Comandante de Marina para que, hechas las averiguaciones que el caso requiere, diese cuenta á V. E. de mis gestiones. Estas han sido tan completas, que hoy "puedo afirmar á V. E. que lo expuesto por el periódico local, y que desconocíamos hasta que el Sr. Dóriga lo presentó en Junta, es perfectamente cierto, y casi me permito afirmar que la realidad de los hechos es superior á lo narrado.
En aquel memorable día se verificaron actos de valor y energía, que esa Junta de su digna presidencia premió con largueza y justicia, mereciendo las alabanzas de esta gente de mar, tan sufrida y valerosa, y por no haber conocido á tiempo el heroico hecho realizado por el piloto Sr. Blanchard y los que marinaron aquel bote, debido sólo á la modestia de ese oficial de la Marina Mercante, no dí cuenta con oportunidad de tan notable rasgo; pero hoy que he podido reunir todos los datos que afirman el hecho, y recordando el estado imponente de la barca en aquella mañana, donde, sólo á una suerte inmensa se debió que no se perdieran dos barcos y muchas vidas, cumplo con el deber de elevarlo á V. E. por si cree digno de premio y recompensa, tanto al piloto D. Ramón Blanchard que con desprecio de su vida no dudó en socorrer á sus semejantes librándoles de la muerte, como asimismo á los valientes marineros que, llenos de abnegación, tripularon el bote; haciéndome intérprete de los deseos de la Junta local.-Excmo. Sr.: El Presidente, José Ferrer.
Detalles del salvamento, leídos por el señor López Dóriga, y que publicó la prensa local:
A las diez de la mañana de ayer circuló por toda la población la noticia de que había un barco en gran peligro á la boca del puerto, y muy pronto se vió ir hacia la Magdalena mucha gente, que se fué aumentando á medida que avanzaba el día, y que por la tarde coronaba todas las alturas de la costa en aquella península, sobre las fortificaciones y en toda la línea de los pretiles del Mareógrafo.
Efectivamente, había un barco en gran peligro. Era el Cabo Espartel, de la Compañía Vasco-Andaluza que, procedente de Cádiz, venía en demanda del puerto, ya bastante acosado por el temporal, y que al llegar á la altura de Cabo Mayor, apenas doblada la punta, sufrió la rotura del eje de la hélice, quedando, por lo tanto inutilizado y á merced de la mar, que estaba muy gruesa.
Entonces hizo señales de auxilio, izando una trinqueta, con la que se dejó venir sobre el puerto
empujado por el Noroeste, como á las nueve de la mañana, aproximadamente, saliendo pocos momentos después
en su busca el remolcador Cuco, el cual le dió una amarra cerca de Cabo Menor, remolcándole hasta el faro
de Mouro
.
Al llegar frente á la isla de Mouro, un accidente imprevisto hizo imposible la continuación del remolque y por poco causa la pérdida de los dos vapores. Un golpe de mar acercó algo los dos buques, y el cabo, que al aflojarse se hundió en el agua, fué cogido por la hélice del Cuco, que se inutilizó, quedando también el remolcador sin gobierno y á merced de las olas, porque otro golpe le rompió el guardín derecho del timón.
Entonces hubo un momento de verdadera ansiedad, durante el cual se creyó que el Cabo Espartel y el Cuco iban á estrellarse sobre Mouro, á donde les arrojaba el mar y el viento. El primero pudo, sin embargo, defenderse con las velas y anclar por la proa, entre la parte Sur de la peña y Las Quebrantas, y el Cuco, que se vió en grave riesgo, pudo anclar también á poca distancia del Espartel, pero en situación verdaderamente comprometida.
Visto el peligro en que se hallaban el remolcador y su tripulación, echaron rápidamente un bote al agua desde el Cabo Espartel, lanzándose á él con seis hombres el joven oficial del mismo Sr. Blanchard, y bogaron con bravura hacia el Cuco. Por un milagro no ocurrió una catástrofe. Cuando el frágil botecillo llegaba al remolcador, la tripulación de éste comenzó á dar voces á los que venían en su socorro, advirtiéndoles la aproximación de una ola enorme, y como los del bote creyeron que no querían auxilio, ciaron, volviendo hacia el Espartel, en cuyo momento llegó la ola, recibiéndola por la proa y pasando sin novedad el peligro; á no ser por esta casualidad, la pequeña embarcación hubiera sido volteada ó deshecha contra el casco del Cuco.
Y aún no terminó con esto la valiente maniobra del joven Blanchard y de sus marineros. Ya llegaban á su barco, cuando vieron la bandera de auxilio en el Cuco; volvieron á él, peleando con las olas, recogieron al patrón y sus tripulantes, los dejaron en el Cabo Espartel y comenzaron luego á bogar en demanda del puerto para pedir socorro, de lo cual tuvieron que desistir ante el estado imponente de la barra, regresando al Espartel, con tanta oportunidad, que, al agarrarse á la escala el último marinero, arreciaron los golpes de mar, y ni hubo tiempo siquiera de izar el bote, que zozobró y desapareció en un instante.
Para esto, que ocurría "aproximadamente á las diez de la mañana, ya se había tenido noticia en el puerto de lo que ocurría, por lo cual dispuso la casa consignataria qne salieran los vapores Cabo San Martín y Cabo Roca á prestar auxilios; pero esto fué inútil, pues ninguno de ellos podía maniobrar en el punto donde se hallaban el Espartel y el Cuco.
En cambio dieron buen número de cabos y guías á los vaporcitos pesqueros León Victoria núm. 1 y León Victoria núm. 2 y Eloisa, los cuales, especialmente los dos primeros, trabajaron lo indecible por lograr el salvamento y remolque del Espartel, y salvaron y remolcaron al Cuco, que fué traído á puerto por el León Victoria núm. 2.
Iba á bordo de este valiente vaporcito su armador, D. Severino González, quien con algunos hombres y el patrón, Eustaquio Lois, consiguió saltar al Cuco cuando las olas eran más imponentes, asegurarle bien y traerle hasta dejarle en seguro dentro de la bahía; no sin estar muchas veces en gran peligro, y no sin que resultaran varios hombres con heridas en las manos de los trabajos con los cabos.
También salió en una lancha el práctico mayor; en el Cabo San Martín, el práctico Señor Castillo; en el Eloisa, el Sr. Muñiz, y en el León núm. 2 el Señor Rey, que trasbordó luego al León núm. 1.
Titánicos, pero inútiles, y verdaderamente arrojados , fueron los trabajos de los vaporcitos León núm. 1 y León núm. 2. Cuanto se diga de lo bien que evolucionaron y se defendieron de las olas, es poco, y de cuanto se esforzaron sus tripulaciones por remolcar al Espartel, después de haber dejado ya en salvo al Cuco.
Varias veces, hasta cinco, se acercaron y dieron cabos al buque, con no escaso trabajo, y otras tantas se rompieron las amarras. Al fin se hizo de noche y siendo imposible la maniobra, hubieron de represar á tierra, ocurriendo entonces otro percance; que la hélice del León núm.2 se enredara en un cabo que flotaba pendiente del Eloísa y quedara inutilizado como los otros aquel vaporcito.
Ya de noche fueron traídas á tierra las tripulaciones del Cabo Espartel y del Cuco en dos lanchas que salieron custodiadas por los vaporcitos, quedándose solamente en el buque el capitán, un oficial, el maquinista y el mayordomo, que no abandonaron el barco hasta que á las once volvió por ellos el León núm. 1 con una lancha, llevando órdenes de la casa y de la Comandancia para que vinieran á tierra. Por cierto que, según nos dijeron, la mar se había puesto á aquella hora mucho más brava.
A las cinco de la tarde, cuando se hallaba toda la costa llena de gente presenciando los trabajos de los vaporcitos, entró magníficamente en puerto el trasatlántico francés Canadá, que pasó á muy poca distancia de la orilla.
También salieron á la barra el Auxiliar de la Trasatlántica española y dos ó tres lanchas de prácticos. Se elogia mucho á éstos y á los tripulante de los vaporcitos citados, especialmente los dos de D. Severino González. Patroneaba el León núm. 1, Mauricio Cusidor; el núm. 2, Eustaquio Lois, y el Eloísa, José Arce.
Hoy se verá de remolcar á puerto el Cabo Espartel, si la mar no hace que falten las cadenas.
A la una de la mañana continuaba fondeado y el mar seguía imponente.
Ayer fué remolcado al puerto el vapor Cabo Espartel que quedó anteanoche anclado en entrada, muy cerca de la barra.
Antes del amanecer ya el buzo estaba tratando en dejar libre la hélice del remolcador Cuco, que hubiera conducido á puerto el barco la tarde anterior, á no ser por la avería sufrida y que se disponía á ir en su busca, á las ocho de la mañana próximamente, cuando entró el remolcador Bilbao, que había sido pedido por telégrafo. Con este vapor, que es de bastante potencia, por la proa, y el vaporcito León núm. 1, aguantando ligeramente de popa, fué remolcado felizmente el Cabo Espartel hasta dentro de bahía y amarrada al segundo muelle de Maliaño.
Antes de empezar la maniobra, su tripulación, que había pasado la noche en el Cabo San Martín, fué á bordo en una lancha, estando allí cuando llegó el remolcador Bilbao.
Y ya que de esto hablamos, hemos de consignar con gusto algunos nuevos detalles de lo ocurrido en la tarde del domingo, ya que no sea posible siempre recoger todos los que en casos semejantes ofrece en sus bravas faenas nuestra valiente gente de mar.
Muchos de los que desde tierra presenciaban. las maniobras de salvamento comentaban que el vaporcito Eloisa no iba á dar cabos al Espartel, pero esto se explica perfectamente dada su misión en aquellas maniobras, pues por orden de la casa consignataria hacía el servicio de transmisión de órdenes y comunicación desde el Cabo Espartel al San Martín y al Roca.
Por cierto, que al acercarse al primero, una de las muchas veces que llegó hasta él, un golpe de mar le lanzó sobre el costado del Espartel, causandole una avería de importancia, que fue reparada provisionalmente y por la cual hizo agua durante toda la tarde. Además llevó un cabo desde el mencionado vapor al Cabo Roca, el cual faltó como los otros, siendo este causa de la avería del León núm. 2.
Durante toda la tarde y por la noche permaneció allí, cabiendo á su tripulación y su armador, D. Ramón González, la satisfacción de auxiliar al León núm. 2, que cuando se inutilizó se halló en grave riesgo y al cual remolcaron á puerto. También fué luego en busca de la tripulación del Espartel.
Igualmente supimos que cuando el Cuco, izando una vela de balandro que, por casualidad, llevaba á bordo, logró desviarse de la rompiente y dar fondo, recibiendo allí el auxilio del bote del Espartel, su tripulación reemplazó á los remeros del botecito, que llegaban ya rendidos de los esfuerzos.
Así fueron al Espartel, de donde bajó gente de refresco para los remos, y al intentar, con un valor verdaderamente temerario venir al puerto, patroneaba el bote el patrón del Cuco, Lorenzo Bilbao, conocidísimo entre toda la marinería de Santander por su pericia, el cual era el que quería ganar tierra para pedir un vaporcito que le trajese su barco, con objeto de desembarazarle la hélice y terminar el servicio de remolque que tan valientemente había comenzado, malográndosele casi al terminarle.
Ya es sabido por qué causa tuvo que volverse al Espartel la pequeña embarcación.
También nos olvidamos ayer de consignar que el Sr.. Comandante de Marina, con parte del personal de la Comandancia y el ingeniero de las Obras del puerto, estuvieron durante toda la tarde en lo alto de las rocas de la Magdalena, desde donde se dieron algunas disposiciones para las maniobras del salvamento que intentaban con su proverbial bravura los marineros montañeses."
La Comisión ejecutiva: Considerando que el hecho realizado por el Sr. Blanchard y los individuos que le acompañaban es altamente meritorio, puesto que expusieron sus vidas por librar de la muerte á varios semejantes;
Considerando que esta Sociedad. premió oportunamente (Boletín de Abril de 1901) otros actos de salvamento realizados aquel mismo día, y que por ignorancia del que hoy se describe dejo de recompensar un hecho tan heroico, y que demuestra la bravura, pericia y sentimientos humanitarios que distinguen á nuestra Marina Mercante;
Ha concedido á D. Ramón Blanchard la medalla de plata de premio, y á los seis marineros que tripularon el bote salvador la recompensa en metálico de 15 pesetas á cada uno.