Aquellos tiempos

Un buen sitio para la tertulia y comentario distendido y amable sobre acontecimientos presentes e incluso pasados.
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Rigel
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Aquellos tiempos

Mensaje por Rigel » Mar 08 Jun 2004 10:47

Que bien se navegaba por los principios de los 50, aquello si que era vida, un viejo barco a vapor navegando a ocho nudos, un camarote dotado de un buen catre con cajones debajo podías independizarte con unas cortinas que cuyas argollas circulaban por una barra de extremo a extremo a lo largo del camastro, un armario, un silloncito tapizado, una mesa, un artístico candil de petróleo sujeto al mamparo por una suspensión cardan, unas pesadas cortinas en la puerta, otra cubriendo el portillo y un lavabo dotado con grifo por el que a veces salía agua dulce, un cubo para cuando esta faltaba, repisa de cristal y espejo. La cámara de oficiales se componía de una mesa de babor a estribor pegada al mamparo de proa con diván corrido y en la parte de popa de la mesa sillones atornillados al suelo, todo el recinto forrado de madera noble que daban ese ambiente marinero que se ha perdido en los barcos, complementaba el mobiliario un mueble trinchante y otro de aparador así como unos sillones alrededor de otra mesa redonda, donde comían los maquinistas, algunos cuadros con motivos marineros y un bonito plafón en el techo y en los mamparos laterales quinqués de petróleo con suspensión cardan, cuando la dínamo no funcionaba. Aquí se comía en puerto, en la mar, lo hacíamos arriba en la derrota—ordenes del viejo al menos los de puente—una vez con mal tiempo se cayó el camarero por la escalera con una sopera en la mano, riesgo calculado.
En los viajes hacia el Ecuador las comodidades se extremaban, el agua dulce había que racionarla y se suministraba directamente de un tanque con una bomba aspirante cerrada con una cadena a candado y la llave en el puente, cuando alguien necesitaba su uso pedían la llave y a llenar el cubo. Para bañarte le pedías al camarero que te subiera un pozal de agua del condensador, bien calentita y ¡hala!. Para beber botijos, botijos por todas partes, en mi camarote colgaba uno debajo del lavabo, ¡qué fresquita!
En a Guinea cargábamos trozas Okume para Valencia y Barcelona, la cubierta y bodegas del barco quedaba a la descarga hecha un amasijo de hierros retorcidos, escalas, regalas, brazolas, barraganetes, nada se salvaba que sobresaliera, teniendo en cuenta que los “palillos” el de menos peso eran tres toneladas, los más gordos los metíamos a bordo con las dos plumas de proa y popa, se izaban de la misma mar embragados por el “water boy”—cuyo entretenimiento general era ver como huía de la troza, nadando o dando saltos por encima de otras, al salir del agua suspendida de las bragas de acero o cadenas pegando golpes brutales al costado del buque, todos esperábamos pacientes verlo despanzurrado, pero era admirable la ligereza y profesionalidad del muchacho—a todo esto el ruido de maquinillas y trompazos eran ensordecedores, hasta los tiburones no se acercaban del susto. Eso era cargar un barco a lo bestia.
Lo más que he envidiado de estos barcos es la pesca de bonitos, en la mesa nunca faltaba ricos marmitakos y bonito con tomate, menudos cocineros ya los quisieran hoy muchos restaurantes de cinco tenedores. Seguro que mis amigos de época se acuerdan perfectamente, para los jóvenes seguiré contando como se navegaba en los cincuenta.
Un abrazo para mis queridos contemporáneos Lukigorria y Patache, por cierto siempre me acuerdo de la aventura de Urdaneta y Legazpi y los pataches San Juan y San Lucas para la buscada “vuelta a Poniente”. Saludos también a posibles y pacientes lectores. Rigel

Lukigorria
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Si que fueron distintos

Mensaje por Lukigorria » Mar 08 Jun 2004 17:14

Queridos Rigel, Patache y contertulios:

¡Que os voy a decir yo! que debo ser el mas joven, y me acuerdo de aquellos otros detalles, mas prosaicos si cabe, como el “Cacatúa” personaje de gran dignidad, suma autoridad de los “morenos” de la colla, la comida de estos, que desde luego no se la servían en la “cámara” y consistía en arroz y pescado seco, una especie de bacalao especial, cuya procedencia solo conocía el Mayordomo, el magnifico y aireado “Servicio de toilette” allá a Pr. Er., donde podían hacer sus necesidades aireando además sus “partes pudendas”, cuyo tamaño nuestros marineros se encargaban de publicar, quizás movidos por la envidia.
También me acuerdo de aquellos voluntariosos “boys”, que desde que entraba la colla y comenzaba la carga hasta que definitivamente acababa, se dedicaban a cambio de lo que se les quisiese dar, a lavar la ropa de todo “pichichi”.
El viaje de ida, para el gremio de la grasa, sobre todo para los miembros de la parte inferior del Staff directivo (por ahí andaba yo) era un continuo mantenimiento de las “maravillosas maquinillas” cuyos cojinetes había que ajustar manualmente, por supuesto, tirando de rasqueta y lima, los ordenadores llegaron mas tarde, y dejándolas funcionando literalmente “como maquinas de coser” ya que de su buen funcionamiento dependía en buena medida el éxito de una buena carga, de eso, y de la propina que en forma de aquellos cigarrillos, (Mecánicos amarillos, y mas tarde Kruger) se dispensaba a los maquinilleros, los cuales se mostraban de lo mas diligentes avisándote rápidamente de cualquier anomalía, y teniendo buen cuidado de purgarlas bien antes de empezar el trabajo.
A pesar de todo, es cierto que era un mundo tan distinto de actual, que sin ser mejor, conviene recordar de vez en cuando a nuestros jóvenes amigos, que no se dan cuenta que no siempre se navego en “Fast Ferry”, ni constituyo la máxima preocupación la disponibilidad del “video”, ahora DVD.
Aun no se habían inventado los “Lap top” ni existía el GPS, el radar era un aparato tan complicado y extraordinario que se dice que uno de los capitanes de mi compañía, muerto de envidia, al ver a otros disponiendo de tan sofisticado aparato, mando al carpintero construir uno, (la antena por supuesto) colocarlo en la magistral y con una manivela a modo, de tal forma que a la entrada a Bilbao ponía un marinero dando vueltas al aparato “cadenciosamente”, para que sus paisanos viesen que su barco, no era cualquier cosa.
De los “Generadores eléctricos” mejor no os cuento, ya que su sofistiquez, era tal que malamente podían con la estación de radio (os doy mi palabra de honor que en esa estación, en el V/Cobetas el receptor de socorro era de “Galena”).
Eso si, tanto en la mar como en tierra funcionaban perfectamente cuando la Sra. Del Jefe se dedicaba a la noble tarea del planchado de los atuendos de D. Julián.
Rigel, como pertenecia al “Staff directivo superior”, os solazara con las historias del novillo que se llevaba a viaje, la entrega de la llave, como en las plazas de toros y la fiesta del “sacrificio” del bicho.
Estas historias que os pueden parecer de película, son autenticas, de un tiempo en que los hombres, convivían, mas o menos amistosamente, que de todo había, pero existía en ellos relación, valores que hoy no se ven muy a menudo (amistad, solidaridad, compañerismo, llamadle “h”) que hacían que la vida fuese mas plena, y que nadie oyese esto tan frecuente hoy : “Yo paso de..."
Acabo, y no passso... de mis amigachos, ni de la tertulia, ni siquiera de nuestros jóvenes contertulios.
Un fuerte abrazo a todos vosotros, y a ti querido Rigel ¿Para cuando la aeronave? Espero que te estés dedicando a ella con suficiente interés, y nos saques pronto de esta zozobra en la que nos tienes.
:wink: Lukigorria
Ya falta poco para S.Fermin.

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Marinos y cientificos vascos

Mensaje por PATACHE » Mar 08 Jun 2004 18:07

Agradeciendo a nuestro amigo Rigel y Lukorriaga sus magníficos relatos de aquellos tiempos –los viejos tiempos- a mi me lleva el recuerdo y la nostalgia porque yo también los he vivido algún dia hilvanere algo. Hoy solo comentare algo de lo que nos apunta Rigel en su relato referidos aquellos navegantes y científicos vascos Legazpi y Urdaneta pidiendo perdón de antemano a aquellos que este tipo de retazos de la historia no sean de su agrado; pero que caray, no solo los ingleses han escrito la historia de la mar: desde aquí mando a mis contemporáneos y amigos de tertulia, Rigel y Lukorriaga y a otros afines a este tipo de tertulia un cordial y afectuoso saludo

A los hechos:
Tras los seis fracasos, si incluimos el de Hernando de Grijalva, de intentar cruzar el Pacífico de oeste a este, pasaron unos veinte años de inactividad en las navegaciones por este océano, fuera de los litorales americanos. A pesar de ello la corona española estaba dispuesta a no cejar en su empeño de conseguir su cuota en el comercio con Oriente, para lo que era imprescindible encontrar la vuelta de Poniente. No es de extrañar, por tanto, que Felipe II aceptase el plan que le propuso el segundo virrey de México, Luis de Velasco, de enviar una nueva armada para tal fin y conseguir un bastión español en el Pacífico. El proyecto le había sido presentado por Andrés de Urdaneta, quien, como vimos, había estado en la expedición de García de Loaisa como paje de Elcano y era gran conocedor del Pacífico, pues había permanecido en las islas orientales hasta 1536, año en que regresó a España por la ruta del Cabo. Desde España pasó a México, donde desempeñó varios cargos, ingresando en el convento de los agustinos en 1552. Felipe II, además de acoger el proyecto, escribió a Andrés de Urdaneta rogándole que aceptase embarcar en la expedición en calidad de cosmógrafo.
Los preparativos y la construcción de los barcos demoraron cinco años la partida de la flota, compuesta por cinco naves: dos naos, “San Pedro” y “San Pablo”, de 500 y 400 toneladas; dos pataches, “San Juan” y “San Lucas”, de 80 y 40 toneladas, y un pequeño bergantín. A su mando iba Miguel López de Legazpi, y el encargado de dirigirla era Andrés de Urdaneta. El 21 de noviembre de 1564 zarpó la flota del puerto de la Navidad y el 25 se abrieron las Instrucciones de la Audiencia.12 Días después se separaba el patache “San Lucas”, que regresaría al puerto de la Navidad el 9 de agosto de 1565. El resto de la flota navegó por la ruta marcada por las Instrucciones -9° o 10° sobre la ecuatorial-, la misma que había seguido López de Villalobos, tocando en las islas y arrecifes que éste bautizó de los Jardines. A partir de aquí ganaron unos grados de altura, rumbo que los llevó a Samar -13 de febrero de 1565- tras pasar por la mariana Guam. Desde Samar, y con el propósito de establecer relaciones amistosas con los naturales y conseguir víveres, los barcos de Legazpi recorrieron diversas islas: Leyte, Mazagua, Bohol, Mindanao y Cebú, donde arribaron el 27 de abril. En la isla de Cebú se fundó San Miguel, y desde aquí se completó el establecimiento hispánico en el archipiélago filipino.
El fin primordial de la expedición era el hallazgo de la ruta del retorno, Felipe II así lo indicaba: «Lo principal que en esta jornada se pretende es saber la vuelta, pues la ida se sabe que se hace en breve tiempo». A tal fin se preparó en Cebú, por indicación de Urdaneta, la nao “San Pedro”, con provisiones para ocho meses y con una tripulación de doscientos hombres y tres pilotos, al mando de Felipe Salcedo, sobrino de Legazpi, aunque en la práctica estaban bajo las órdenes de Urdaneta.
La ”San Pedro” zarpó de Cebú el 1 de junio de 1565, que puede considerarse una de las fechas más trascendentales en la navegación oceánica. Tras salir del archipiélago por el estrecho de San Bernardino, enrumbó hacia el nordeste, alcanzando los 39° por encima de la equinoccial el 3 de agosto. Por esta latitud atravesaron el Pacífico hasta alcanzar las costas de California, hacia los 34°, desde donde singlaron hacia el sur, para arribar al puerto de la Navidad (1 de octubre) y al de Acapulco (8 de octubre). Urdaneta había descubierto, con un gran rodeo, el camino más rápido y seguro, si no el más corto entre Asia y América por el Pacífico norte, evitando los alisios y siguiendo la corriente del Kuro-Shivo. En adelante esta ruta será navegada por el Galeón de Manila o Nao de Acapulco, que durante doscientos cincuenta años impulsará el comercio entre China-Filipinas-México y España.

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Vuelta de Poniente

Mensaje por Rigel » Mar 08 Jun 2004 19:29

Querido Patache, ya sabía yo que echarías mano de tu bibliografía para relatarnos esa magnifica hazaña de la “vuelta de Poniente”. Esta derrota se mantuvo durante 200 años de regreso por encima de los 35º norte, por lo que resulta raro que nadie hubiera avistado las Hawai antes que James Cook, pero éste reconoce que en algunas islas fueron recibidos con la castellana frase de “buenos días”. Vaya gesta la de estos españoles dueños del Pacífico en el siglo XVI. Un abrazo Patache, y a mi querido Lukigorria le digo que tengo pendiente del último envío del Super Stearman, además del carburador del motorcito, parece que mi mujer ya no me “gafa” al no derramar virutas y aserrín, pero ¿qué pasará cuando pruebe el motorcillo?, de momento los servos funcionan, sí señor estoy impaciente luego de un año de montaje, un abrazo rompecostillas de Rigel. :D

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Estimados tertulianos

Mensaje por Lukigorria » Mié 09 Jun 2004 10:30

Amigos Rigel, Patache, y demás tertulianos, o ¿Será tertuliantes?

Para completar la fantástica descripción que nuestro amigo Patache a hecho de las andanzas de mi paisano Urdaneta, he extractado un trozo de “La conquista de Iberoamerica”, que dice lo mismo esencialmente, y le pone el nombre de TORNAVIAJE a la ruta de vuelta por el descubierta.
Los de “la grasa” no somos los mas indicados para hablar de rutas, mas propio de los Navegantes, pero aun así espero que no seáis muy crueles conmigo en vuestro juicio, y aceptéis esta pequeña contribución, en lo que vale, justo la anécdota.

“Andrés de Urdaneta, (1508-1568), marino, cosmógrafo y eclesiástico español. Nació en Villafranca de Ordizia (Guipúzcoa). Se inició como navegante con el comendador fray García Jofre de Loaisa, en la expedición que zarpó en 1525 con rumbo a las Molucas en pos de la que había comandado Fernando de Magallanes. Hallándose en la isla de Tidore, contempló la llegada de Álvaro Saavedra Cerón en 1528, enviado por Hernán Cortés desde México, justamente en socorro de la armada de Loaisa. Pudo comprobar entonces Urdaneta cómo Saavedra Cerón en sus varios intentos de regresar a México, fracasó debido a los vientos desfavorables en las latitudes por las que intentó su retorno.
Las islas de San Lázaro, descubiertas en 1524 por Magallanes, fueron rebautizadas el año 1542 con el nombre de Filipinas por la expedición de Villalobos, en honor al monarca español. Constituían un punto de llegada del que no se podía regresar a América, hasta que el virrey de México, don Luis de Velasco, decidió dar crédito a los informes del religioso agustino fray Andrés de Urdaneta, (En 1553 Urdaneta decidió hacerse monje agustino. Profesó como tal en el convento de San Agustín en la ciudad de México.) que aseguraba ser capaz de encontrar la ruta del tornaviaje desde las islas especieras hasta México. Urdaneta había sido marino antes que fraile y participado en las expediciones de Loaysa y Villalobos. Velasco informó a Felipe II del proyecto y el monarca autorizó el envío de dos naos hacia las islas especieras. Escribió además a Urdaneta pidiéndole que participase en la expedición. Urdaneta, por cierto, no estaba de acuerdo en ir a Filipinas, archipiélago que pensaba se encontraba en la demarcación portuguesa. El quería que se conquistara Nueva Guinea, isla descubierta por Ortiz de Retes. El Virrey de México escogió por capitán de la empresa a Miguel López de Legazpi, quien residía en México, donde había sido su Alcalde Mayor. Los buques se construyeron (dos naos llamadas San Pedro y San Pablo, los dos pataches San Juan y San Lucas y un bergantín) en el puerto de la Navidad. Cuando estaban a punto de zarpar, ocurrió la muerte del Virrey (31 de julio de 1564). Se hizo entonces cargo del virreinato con carácter interino el Visitador Jerónimo Valderrama, que siguió apoyando la empresa y le dio el viraje decisivo de dirigirse a Filipinas, en vez de a Borneo. El cambio de objetivo se mantuvo en secreto. Se le comunicó a Legazpi en alta mar, cuando abrió el sobre con las instrucciones para el viaje. Urdaneta acató las órdenes, aunque evidentemente contrariado. La expedición zarpó de la Navidad el 21 de noviembre de 1564. A los pocos días se perdió de vista el San Lucas que, al parecer, arribó sola a Mindanao. La armada siguió la ruta de Ruy López de Villalobos y llegó el 22 de enero de 1565 a las islas de los Ladrones. El 3 de febrero salió de la isla Guam y el 13 del mismo mes arribó a la isla Samar, donde se tomó posesión. Samar era una de las islas Visayas, como las de Leyte, Cebú, Bohol y Mindonoro y se encontraba en la parte central del archipiélago filipino, entre las dos grandes islas de Luzón y Mindanao. De Samar pasó a Leyte en busca de alimentos. Allí se hizo el primer pacto de amistad con los naturales del país. Legazpi recorrió luego varias islas, especialmente Bohol, donde apareció oro. Finalmente fue a parar a Cebú (27 de abril de 1565). Allí desembarcó sus efectivos, levantó el fuerte de San Pedro y dispuso la partida de Urdaneta para intentar el TORNAVIAJE a América, aspecto fundamental sin el cual sería imposible colonizar el territorio. La nao San Pedro zarpó de Cebú en junio de 1565 con 200 hombres dispuesta a la aventura. Bajo las órdenes de Urdaneta navegó hacia el noroeste y subió hasta los 39°, encontrando la corriente del Kuro Shivo que arrastró la nave hasta la costa americana, avistada el 18 de septiembre. El 9 de octubre atracaba en el puerto de Acapulco después de haber encontrado la ruta de regreso desde Oceanía. De esta forma el llamado tornaviaje, fue todo un éxito.
Urdaneta dejó varios escritos acerca de sus navegaciones. Uno de ellos es la Relación del viaje del comendador Loaisa y cartas al rey Felipe II con descripciones de los puertos de Acapulco y Navidad. Urdaneta ha sido recordado en México, específicamente en Acapulco, donde se erigió un monumento a su memoria.”
Espero no haber resultado pesado.
:oops: Un fuerte abrazo a todos Lukigorria

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NUESTRO CANTABRICO

Mensaje por PATACHE » Lun 14 Jun 2004 8:26

Envió este relato a mis amigos de este foro Rigel y Lukorriaga y para aquellos que tengan afición al mundo de la vela -hace poco, leí en no me acuerdo donde, de un hombre ciego que partió de cierto puerto español a dar la vuelta al mundo en su velero- Yo aprovechando para escribir esto, en lo que llaman periodo de reflexión. Bien será así, reflexionemos por todo; aunque mas que de aquello que proclaman los políticos, quedo un tanto pensativo por el balandrista ciego que salio a dar la vuelta al mundo. Recibir un afectuoso y cordial saludo.
Patache

El bergantín goleta “San Ignacio de Loyola” fue el primer petrolero que existió en España, allá por 1903. En uno de sus viajes de Filadelfia a Pasajes, desapareció con toda su tripulación en el Atlántico. Este relato esta tomado de uno de sus diarios de navegación, al tratarse de un barco de vela con base en Pasajes, con un porte parecido a muchos de los bacaladeros que iban a Terranova, se transcribe este texto para situarnos, no en los duros mares del Atlántico o entre los hielos de Groenlandia. Donde testimonios con enorme dramatismo, recuerdan los efectos de los huracanes nacidos en el Golfo de Méjico y Mar Caribe. Estos testimonios nos relatan los efectos de estos fenómenos meteorológicos que suelen subir hacia los grandes bancos de Terranova y, cuando llegaban, los capitanes procuran huir hacia el norte, hacia zonas más frías, aunque siempre les cogía agua, olas y fuerte lluvia, se han escuchado relatos de aquellos que no han tenido la suerte de poder esquivarlos; de vientos de doscientos nudos, y mares entre 25 y 30 metros de altura
Aquí cerca en nuestro querido cantábrico no menos virulento que los anteriores nombrados mas arriba, donde recalan las potentes borrascas atlánticas de largísimo “fetch” que conduce vientos muy duros y persistentes que levantan mares muy altas; y también bajo la amenaza de las galernas que a lo largo de los años han producido decenas de victimas entre pescadores de la región. Mar Cantábrico: nuestra escuela, la prueba del nueve, para los que comenzamos hace ya una eternidad este peligroso oficio, y hermoso al mismo tiempo, arte o carrera, llámese como quiera. A los hechos:

Certifica el capitán, firma, el primer piloto, singladura tercera. “El barómetro bajando, viento duro del anotado con mar gruesa del mismo, cielo cubierto de chubascos son los caracteres del comienzo de la presente singladura. Anocheció en idénticas condiciones A 6 h. saltó el viento al NNO, siendo muy variable y desfogando chubascos en viento muy duro y agua, aumentando la mar, lo cual nos decidió a arribar al puerto de Bilbao para lo cual montamos el cabo Villano y gobernamos en demanda de la luz de Castro-Urdiales para poder abocar el abra de Bilbao al estar su entrada en popa, pero se tuvo que virar por redondo por escasear el viento; después de ganar algo de barlovento arribamos nuevamente con objeto de montar punta Galea, pero escaseó nuevamente el viento y nos determinamos a arribar a causa de estar cerrado en chubascos y mal estado del aparejo y arboladura de 6h a 8h, los chubascos toman extraordinaria violencia en uno de los cuales faltó el trinquete el cual se safó picando los obenques y recogiendo sus restos en cubierta. A 9h: 30 se rizó el velacho bajo por la banda de estribor y parte de babor. En vista de que el barco quedó desmantelado, viramos en vuelta a tierra, para poder arribar a la desesperada a cualquier puerto, pues dada la corriente que reinaba hacia el E (corriente litoral del cantábrico W-E), y que el barco no ganaba barlovento no tardaremos en llegar a la costa francesa la cual no ofrece abrigo alguno exceptuando Socoa. A 13h. se divisó la luz de Guetaria por la amura de babor catorce horas después de aguantar un duro chubasco nos encontramos a la altura de Motrico, distancia 3 millas. El viento y el mar nos hicieron derivar hasta Deva donde viramos de vuelta a fuera...
A las 16:30 h. viramos para reconocer la tierra y arribar a Guetaria pero como el barco no tenia apenas aparejo perdimos la entrada virando y dando proa al tiempo en demanda del fondeadero de la bahía de la Concha de San Sebastián.
Una vez situados en la entrada N. de la bocana pero como la mar nos echaba sobre el Castillo de la Mota fue preciso montar por encima de las branchas bajos peligrosos que se encuentran al N. de la isla de Santa Clara, rozando la cual entramos dando fondo con las dos anclas al socaire de dicha isla y finalizando un viaje malogrado que tantas fatigas ha causado a la tripulación”. Según ordenes después de sujeto el barco con calabrotes de 11 pulgadas, salimos todos a tierra pues era peligrosa la estancia a bordo.
En San Sebastián, 8 de diciembre de 1903

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