
A las diez de la mañana de ayer circuló por toda la población la noticia de que habÃa un barco en gran peligro á la boca del puerto, y muy pronto se vió ir hacia la Magdalena mucha gente, que se fué aumentando á medida que avanzaba el dÃa, y que por la tarde coronaba todas las alturas de la costa en aquella penÃnsula, sobre las fortificaciones y en toda la lÃnea de los pretiles del Mareógrafo.
Efectivamente, habÃa un barco en gran peligro. Era el Cabo Espartel, de la CompañÃa Vasco-Andaluza que, procedente de Cádiz, venÃa en demanda del puerto, ya bastante acosado por el temporal, y que al llegar á la altura de Cabo Mayor, apenas doblada la punta, sufrió la rotura del eje de la hélice, quedando, por lo tanto inutilizado y á merced de la mar, que estaba muy gruesa.
Entonces hizo señales de auxilio, izando una trinqueta, con la que se dejó venir sobre el puerto empujado por el Noroeste, como á las nueve de la mañana, aproximadamente, saliendo pocos momentos después en su busca el remolcador Cuco, el cual le dió una amarra cerca de Cabo Menor, remolcándole hasta el faro de Mouro
.
Al llegar frente á la isla de Mouro, un accidente imprevisto hizo imposible la continuación del remolque y por poco causa la pérdida de los dos vapores. Un golpe de mar acercó algo los dos buques, y el cabo, que al aflojarse se hundió en el agua, fué cogido por la hélice del Cuco, que se inutilizó, quedando también el remolcador sin gobierno y á merced de las olas, porque otro golpe le rompió el guardÃn derecho del timón.
Entonces hubo un momento de verdadera ansiedad, durante el cual se creyó que el Cabo Espartel y el Cuco iban á estrellarse sobre Mouro, á donde les arrojaba el mar y el viento. Leer resto del relato.
Etiquetas: Aquellos origenes